http://es.calameo.com/read/001252579e95e64dad550
Creo que caso de “Alvarito” no es un caso
aislado, muchos docentes y compañeros, e incluso yo mismo, he hablado alguna
vez de mi “Alvarito” como un alumno estanco que era poco más que un mueble,
muchas veces, al menos por mi parte, porque no sabía cómo conseguir que ese
alumno fuese uno más del grupo. En el texto nos muestra una realidad educativa
que cobra cada vez más fuerza, la educación inclusiva; pero esta necesaria
realidad es difícil de conseguir sin unos cambios. Esos cambios se plantean en
el texto en forma de pregunta, que cada docente debe hacerse en el trato e
interpretación de las limitaciones o diferencias del alumnado.
Casanova (2009) señala que “En la
sociedad convivimos todos y, por lo tanto, en la escuela deben educarse todos”,
pero esto no es del todo cierto, si es verdad es que todos los niños están
escolarizados pero no son educados todos pues no atendemos a las necesidades de
cada uno de ellos, no adaptamos los conocimientos a las necesidades individuales
de cada alumno en cada momento, fomentamos la exclusión de dicho alumnado y
promovemos el futuro fracaso escolar al no adaptarnos a ellos.
La inclusión elimina la categorización de
discapacidades y/o diferencias pues se basa en las capacidades y no en las
limitaciones, partir de lo que el alumnado puede hacer y hasta donde puede
llegar, como ya señalaba Vygotsky (1978) cuando acuñaba el término “Zonas de
Desarrollo Próximo” .
He aquí la verdadera escuela, esta inclusión,
este nuevo cambio educativo favorece el éxito educativo, promueve una
adaptación real del curriculum al contexto, y no solo al alumno categorizado
con necesidades. Y además fomenta la relación de TODOS con todos, del centro
con la sociedad, de los alumnos con las familias, sobre todo de aquellos
alumnos vulnerables de exclusión, no solo por sus limitaciones físicas y/o
cognitivas, sino también por razón de género, nivel socioeconómico, etc.
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